Pastora-

Pastora

Nair de Andrade Dos Santos


“Una mujer original”

Nair Andrade, inspira para todos los que pueden estar a su lado amor, respeto, ternura, admiración y cariño, es así, una combinación armónica de sentimiento. Ella es sencilla, cálida, espontánea y sobre todo una mujer libre y feliz. Ama a Dios con cada fibra de su ser y sabe disfrutar cada día que Dios le regala. En su calidad de mujer a quién Dios ha hecho libre, está siempre dispuesta a cumplir con el gran papel que le ha sido encomendado desde el cielo, ser esposa de un reconocido siervo de Dios, madre y abuela ejemplar y desde luego pastora de cientos de mujeres que bajo su liderazgo se atreven a emprender cosas grandes para el Señor, toda vez que el ejemplo y tenacidad de la pastora Nair ha trascendido a ellas.

Para conocer mejor a esta mujer que nos inspira debemos de ir con ella a la exploración de aquellos recuerdos que se guardan con especial cuidado, porque ellos son la suma de una vida forjada en el corazón de Dios.


Recuerdos de la infancia

“Mi niñez fue muy bonita y feliz”  relata la pastora. “Yo nací en Lavrinhas estado de Sao Paulo, mi hogar era humilde, pero tuve unos padres amorosos, mi papá un hombre honesto, muy trabajador, él salía desde la mañana y regresaba al anochecer, siempre se preocupó que sus hijos tuvieran abundancia de alimento y cariño, él nunca me castigo físicamente, su palabra bastaba y yo era muy obediente”. 


La llegada de su amado

Si alguien quiere tener alguna referencia de lo que es una pareja idónea, feliz, y en la que es perenne el amor, bien podría mirar hacia ésta, conformada por el pastor José Satirio Dos Santos y su esposa Nair. Ellos no necesitan estar todo el tiempo juntos para saberse amados, él por ella y ella por él, esto se percibe en sus miradas, en el leve roce de sus manos, en el silencio y más cuando fluyen las palabras para opinar el uno del otro. Es muy agradable ver el rostro de la pastora cómo se ilumina cuando recuerda la manera en que conoció a su esposo.

“En la iglesia encontré a mi esposo, él era el pastor de jóvenes, más  no fue hasta que Dios mostró en sueños tanto a él como a mí que en sus planes estaba que fuéramos esposos. En el año 1965 Dios me dice: -Nair, José Satirio va a ser tu esposo-  y ésta fue la respuesta que di al pastor. Después de esto a los diez meses nos casamos, era el año 1966 y formamos una familia; tuvimos a nuestros tres hijos: Zulamita, Eliseo y José Jr. No hubo dificultad para adaptarnos él siempre ha sido muy comprensivo y amoroso, es un hombre muy fiel, excelente esposo y un buen padre, disfruta mucho su hogar”.


Su llamado para Colombia

Muchos han oído y leído acerca del llamado que Dios hace al pastor Satirio para venir a Colombia, sus impresiones y testimonio han sido relatados por diferentes escritores y desde luego ha edificado muchos ministerios y bendecido miles de vidas. Recoger este testimonio ahora de la boca de la pastora Nair es igualmente interesante.

“Corría el año 1974, llevábamos siete años de casados, nuestros hijos estaban pequeños, mi esposo pastoreaba en ese tiempo una congregación y estábamos totalmente envueltos en la obra. Una noche mi esposo recibió la visitación de Dios y le mostró que su trabajo ahora era en Colombia; él guardó este secreto por un año. Mientras tanto, Dios me mostró en sueños que yo llegaba a una tierra lejana en una avioneta con mis tres hijos, la avioneta aterrizaba en un prado muy grande y de un verde profundo, y por eso cuando  mi esposo me dijo: -Negra, vamos para las misiones-  yo respondí -Dios ya me habló-. 

Desde un comienzo entendí que llegábamos a abrir una obra, que no iba a ser fácil pero yo sabía que el que llama permanece fiel. Ésa fue la razón por la que atravesé la selva amazónica, con mi esposo y mis hijos para venir a Colombia, aún con los peligros que la selva encerraba. De alguna manera sabía que este viaje no lo iba a hacer de regreso pero me sentía feliz y el gozo aumentaba cuando veía que Dios nos cuidaba, pues las serpientes abundaban, el calor era sofocante y los niños eran picados por toda clase de insectos, pero nunca nos enfermamos”. 


Conquistando la tierra prometida

La pastora Nair pagó con fidelidad una alta cuota para que el evangelio fuera sembrado en la tierra prometida a la que Dios le había llamado. 

“Llegamos a Cúcuta el 19 de abril de 1975, sin saber hablar nada de español. Tuvimos que  soportar el desprecio de mucha gente, mas esto no nos debilitó en nada; en cambio, cada día nos hacíamos más fuertes. Entendíamos que  éramos personas extrañas para ellos y cuando mi esposo empezó a predicar la Palabra, vino toda esa persecución que iba desde el ataque verbal hasta el físico. Los niños no escaparon a este trato y a esto se le sumó el hambre que pasábamos, pues a los dos niños pequeños que todavía tomaban tetero, tuve que cambiarles la leche por café negro; la ropa y el calzado empezaron también a desgastarse. A veces venía tristeza pero nunca hubo preguntas a Dios, no hubo queja ni reproche ni a mi esposo y menos a mi Dios. 

Yo siempre le decía a los niños: -vienen días mejores-, pero esos días no llegaban. Pasaron más de quince años, nosotros veíamos tierra árida, desierto, pero seguíamos trabajando. Íbamos a pie a evangelizar y hacer cultos a lejanos lugares, y regresábamos a pie con los niños cargados a las espaldas porque no teníamos para el transporte. Así empezamos y poco a poco la congregación fue creciendo, las almas eran salvas y la vida de muchos jóvenes que estaban sumidos en la drogadicción fueron restauradas y muchos otros milagros se sucedieron. 

Hoy en día al mirar todo lo que Dios ha hecho en Cúcuta con la iglesia y al ver su respaldo a nuestras vidas digo: Gracias Señor por tu fidelidad y por  haber pasado todo lo que hemos pasado. En Dios y con Dios todo es ganancia”.


Las facetas de su Ministerio

Columna del ministerio de su esposo ha sido la pastora Nair, como mujer de oración, guardián del hogar y líder de la Iglesia.

“Yo admiro a mi esposo, lo amo y lo respeto, lo veo como un apóstol Pablo, el desarrollo de su vida ministerial y espiritual es excelente; Dios lo ha levantado en forma impresionante. Yo me siento honrada  por haber podido entender su llamado y no ser un tropiezo para su crecimiento. Me da tristeza ver muchas mujeres que han destruido el ministerio de su esposo; es delicada la cuenta que tendrán que dar a Dios.

El ministerio pastoral es valioso y sagrado y ha marcado mi vida, todos los días doy gracias a Dios por mi esposo. He procurado resolver las cosas en la casa para no cargarlo, y si una situación necesita su intervención, se la comento en el momento adecuado, procuro no recibirlo con problemas, porque sé que él tiene que manejar situaciones muy complicadas”. 

La pastora Nair dedicó gran parte de su vida a la crianza de sus hijos, pero cuando ellos formaron sus propios hogares, emprendió un creciente ministerio al frente de las mujeres de la iglesia, a las que siempre había apoyado, pero a partir del 2005 empezó a llevar a niveles más altos a través de los Congresos Internacionales de Mujeres de Conquista que se celebran anualmente desde el 2006. 

“Mi anhelo era trabajar con las mujeres y realizar un congreso anual con ellas, ahora  estamos viviendo esa experiencia y estamos en victoria; tenemos un apoyo total del pastor y del ministerio de la iglesia. Yo quiero sembrar en la mujer el deseo de que sea prosperada en todo, espiritual, material y emocionalmente, porque hay muchas mujeres que están indecisas, por haber sido maltratadas en sus hogares, pero quiero enseñarles que Cristo ya las liberó de las cadenas”. 

Así es la vida de la pastora Nair Andrade Dos Santos, una mujer original, transparente, muy amada y respetada por la iglesia que pastorea, llena del Espíritu Santo y de la autoridad de Dios. 







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